Concebir la opción de decrecer en vez del “cada-vez-más”, y de aminorar la marcha en lugar del “cada-vez-más rápido” se antoja un desafío complicado para los que nos dedicamos a la innovación: ¿cuándo paramos? ¿cuándo descansamos? ¿cómo y por qué? Estas cuestiones se responden por las tesis de la Filosofía del Decrecimiento y del Movimiento Slow que se comentan en este artículo.
Terminé hace unos días “Menos es más”, el título de la versión castellana del libro de Nicolás Ridoux sobre la filosofía del “decrecimiento”, que critica la desmesura del “cada-vez-más”, e invita al lector a convertirse en “objetor del crecimiento”.
El tema me interesa bastante, porque plantea una mirada alternativa al pensamiento único que difunden los medios y que hemos dado siempre por sentado.
Por añadidura, las críticas que he ido leyendo hacia la obsesión por el crecimiento me han llevado a un territorio contiguo, a descubrir y a reflexionar sobre temas conexos como el del culto a la velocidad.
En esa búsqueda encontré el libro “Elogio a la lentitud”, de Carl Honore (RBA Libros), que explica los fundamentos del llamado “Movimiento Slow”, según el cual la lentitud no tiene que ver con la ineficacia sino con el equilibrio: actuar con rapidez cuando tiene sentido hacerlo, pero ser lentos si es lo que resulta más conveniente.
Mientras escribo me doy cuenta que tengo más preguntas que respuestas, porque integrar conceptos como “lentitud” o “decrecimiento” en la lógica de pensamiento de un consultor de innovación (y más el primero que el segundo) se antoja un desafío complicado, pero que intuyo vale la pena, como mínimo para ejercitar el espíritu crítico.
Las respuestas a estas cuestiones están en las tesis de la Filosofía del Decrecimiento y del Movimiento Slow que se comentan en este artículo, y que aborda temas como éstos:
- El afán de crecimiento crónico en la empresa
- Modelos alternativos: redes de personas
- Crecimiento y PIB - ¿Qué plantea, entonces, la Teoría del Decrecimiento?
- Decrecimiento y “relocalización” de la economía
- Elogio a la lentitud: ¿Pero…y cuándo paramos?
- ¿Y si innovamos para andar más lentos?
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