Por: Amalio A. Rey
Antes “habían unos pocos que sabían mucho, pero ahora son muchos los que saben un poco”, y ese “poco” tiene suficiente valor de intercambio para ser aprovechado en la generación colectiva de valor. La democratización del conocimiento generada por Internet potencia el fenómeno del multitalento y del llamado “ascenso del amateur”. Para algunos es una amenaza de intrusismo, pero para otros una estupenda oportunidad.
Empezaré por una obviedad: Internet está cambiando drásticamente las reglas de juego. Ya nada es igual, ni lo será. Ni siquiera algo tan anquilosado como la Academia, la nomenclatura de profesiones o los títulos universitarios.
Estamos viviendo el impacto combinado de dos consecuencias de Internet:
El efecto conjunto de estas dos tendencias es impresionante. Más gente aprendiendo a un coste mucho más bajo, y más gente pudiendo contar, compartir y ofrecer lo que ha aprendido a través de múltiples plataformas.
Esta auténtica democratización del conocimiento (que desgraciadamente está muy lejos todavía de llegar con la misma intensidad al Tercer Mundo, y esto conviene aclararlo) tiene que afectar de algún modo al mercado, a las empresas, y a la innovación, y de eso va este artículo.
Alguien ha dicho por ahí (lo siento, no recuerdo la fuente), en una re-interpretación de “La larga cola” (The Long Tail”) de Chris Anderson, que “antes había unos pocos que sabían mucho, mientras que ahora son muchos los que saben un poco”.
Pues bien, ese “poco”-que-saben-muchos es suficiente para tener algún interés de intercambio, o al menos, para ser aprovechado en la generación colectiva de valor.
Si solo se hubiera dado la primera condición (“desplome de las barreras a la entrada del conocimiento”), casi nada hubiera pasado. Tendríamos más gente “lista”, pero seguiríamos teniendo problemas para conectar con ella.

Sin embargo, la segunda condición (“caída de las barreras a la publicación”) ha marcado la diferencia, pues ahora la gente que sabe se puede expresar, y eso la hace mucho más visible. Los costes para encontrarla son mucho menores, y entonces prospera el “Multitalento”.
Escuché hablar por primera vez del multitalento en boca del filósofo japonés Hiroshi Tasaka en el último iFest que celebró Infonomia.
El “Multitalento” es la tendencia a canalizar públicamente nuevas facetas de la personalidad del individuo, complementarias a la “oficial” por la que se conoce.
La idea es que, antes de que Internet se convirtiera en lo que es hoy, las universidades y los centros educativos tenían, prácticamente, el monopolio del conocimiento.
Aún más complicado era proyectar públicamente ese talento, darlo a conocer y participar en comunidades con los mismos intereses. La mayoría de las veces esas habilidades permanecían ocultas y sólo eran compartidas con amigos y familiares.
En la actualidad, con Internet, existen canales informales para aprender de forma autodidacta, mantenerse sorprendentemente actualizado y, con la constancia suficiente, dotarse de una profunda especialización en determinados ámbitos.
Encima, te permite poner a prueba ese talento compartiéndolo con miles de individuos, y así convertir un saber privado en una habilidad que puede beneficiar a otras personas y usarse, incluso, para obtener ingresos, no siendo tu profesión habitual.
¿Pero cómo se manifiesta todo esto en la realidad? Pues ahí tienes algunos ejemplos:
La lista es interminable porque la gente vive mucho más, y dispone de más tiempo libre para desarrollar hobbies y dar riendas a la curiosidad.
Por lo tanto, mientras más se democratiza el conocimiento, más posibilidades tenemos de incursionar en nuevos saberes, y adquirir habilidades susceptibles de ser aprovechadas en diversos campos.
Siendo así, basta con darse un paseo por Internet para comprobar el enorme talento que navega por la red, esperando que alguien lo utilice. Se trata de personas que todavía no han colmado sus posibilidades de crecimiento personal en sus entornos profesionales y buscan nuevos espacios para colaborar y compartir.
Hay mucho talento desaprovechado porque las estructuras formales de contratación y gestión son ineficientes e imperfectas, así que Internet ofrece una oportunidad para que esas personas se pongan en contacto, por rutas paralelas, con problemas y retos donde ese talento sí puede ser valorado.
Esta masiva salida del armario que se está produciendo con el talento antes oculto se enmarca en un fenómeno apasionante que se conoce como el “ascenso del amateur”, o también, los llamados “amateur profesionales” o “PRO-AMS” como los definió Charles Leadbeater en su inspirador libro “The Pro-Am Revolution: How enthusiasts are changing our economy and society (2004)”:
“El Pro-Am es alguien que desarrolla actividades amateur con los estándar de calidad de los profesionales. No destina su tiempo libre a ser un consumidor pasivo sino que se implica activa y participativamente en proyectos relacionados con su pasión”.
Toda esta gente, consciente de lo que sabe, necesita canalizar esa energía creativa por alguna parte. Es lógico pensar que esa pasión pida a gritos proyectos para implicarse. ¿Por qué las empresas no canalizan esto?
Asimismo, es bueno que sepamos que estos amateur profesionales tienen tanta iniciativa (es lo que hace la pasión, amigos) que si nadie les da trabajo, ellos mismos se lo buscan. Nace así el auto-servicio.
Empiezan a ser habituales las iniciativas colaborativas de innovación que se impulsan de abajo-a-arriba (bottom-up), y que consisten en la unión voluntaria de varias personas en red con la intención de resolver colectivamente un problema. No hay una empresa, ni una institución que las convoque, ni que las controle. Definen el problema, diseñan la solución y gestionan todo el proyecto en red.
¿No encuentro la oferta que busco? ¿Nadie me ofrece lo que necesito? Vale, me lo monto por mi cuenta. Juntémonos para hacerlo o encarguémoslo a alguien. Ahí van algunos ejemplos:
Todo esto plantea grandes retos a las empresas y las instituciones. Las primeras tienen que darse cuenta que ese talento que está fuera hay que aprovecharlo en la generación de valor. ¡¡La innovación ha dejado de ser una cuestión de solo-para-expertos!!
Las (buenas) iniciativas de crowdsourcing que buscan más agilidad y creatividad en la innovación apelando al talento externo están teniendo resultados irregulares, pero poco a poco se van consolidando, y tendrán un largo recorrido.
Las instituciones, tanto de profesionales como educativas, tendrán que comprender que el conocimiento-experto ya no es un monopolio de los profesionales “acreditados”.
En este nuevo escenario las universidades tendrán que ofrecer algo más que unos títulos que habiliten legalmente para hacer cosas, porque esa barrera también va a caer por su propio peso. Al paso que van se quedarán sólo para hacer exámenes.
Como era de esperar, esta revolución del Pro-Am está generando también mucho revuelo en unas instituciones famosas por su proteccionismo: los colegios profesionales.
En lugar de pensar en cómo añadir valor, y reconvertir su profesión en algo genuinamente diferente a “lo amateur” (si cabe), algunos diseñadores, economistas, fotógrafos y periodistas (por solo citar algunas de las profesiones liberales “amenazadas”), se atrincheran en la defensa de las acreditaciones y los títulos.
No perdáis el tiempo por ese camino. El presente-futuro hay que interpretarlo de otra manera. El Multitalento y los amateur profesionales han venido para quedarse. Es una oportunidad, no una amenaza. ¿Y qué piensas hacer tú con esto? ¿Cómo una empresa puede aprovechar todo esto?
Para aprender más:
Video de Charles Leadbeater sobre “The rise of the amateur professional”
Pro-Ams: El Ascenso De Los Amateur Profesionales, Prosumer, Amateurs Apasionados (blog de Master New Media)
ICTnet: Los "innovators" y la co-creación
Cine 2.0: Conversando con Robert Greenwald. Infonomía
Enrique Dans: Iniciativas de Crowdsourcing
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