En el mes de octubre del año pasado me encontré un surrealista anuncio en las páginas salmón de El País. Una compañía aseguradora nacional, integrada en un grupo multinacional, hacía una oferta de trabajo para un "responsable de Negocio de Decesos".
Así como les digo: "negocio de decesos". Esta persona se responsabilizaría de la "comercialización de productos de Decesos" (SIC). Se pedía para el puesto, y cito, capacidad para "dirigir redes específicas de ventas orientadas a productos de ámbito familiar".
Las mismas páginas-salmón publicaban, hace poco, otra noticia sobre la empresa Saffron, que es una firma de "branding", es decir, una "empresa de creación de marcas". Según este diario, un objetivo prioritario ahora para esa compañía serían "los más reacios", es decir, los gobiernos, las universidades, las instituciones públicas, etc.
El objetivo de su consejero delegado era "remodelar empresas, reinventar sectores" a través de las marcas, y aseguraba que todo es susceptible de tener marca, una empresa de cualquier sector, cualquier servicio y hasta un país.
Aunque sé que es así, y que visto desde una óptica abierta y flexible puedo aceptar que el prestigio y la reputación de una persona, o de un país, se pueden asumir como algo parecido a una "marca", yo me pregunto si una persona que se acostumbra a utilizar este lenguaje ("productos de Deceso" o "todo es una marca") puede volver a ser una persona normal.
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