Alfons Cornella nos contaba hace tiempo, en uno de sus memorables post de “Extranet”, que vio unas fantásticas viñetas en el Wall Street Journal donde un niño miraba fascinado cómo su padre estaba escribiendo con una máquina de escribir, y le decía: "que chulo, un teclado con impresora incorporada".
Me chifla el ejemplo, porque ilustra perfectamente hasta qué punto somos víctimas de nuestro tiempo, y cómo nos dejamos atrapar (incluso una persona tan fresca y liberada de prejuicios como un niño) por el pensamiento dominante que nos rodea, e incluso nos imponen.
Para el niño, acostumbrado a la combinación ordenador-impresora y al hecho de que la función "escribir" y la función "imprimir" no fueran la misma, el que existiera un aparato que hiciera ambas cosas significaba una novedad fabulosa. Estaba tan atrapado por su paradigma, que lo antiguo se convertía para él en progreso.
Este cartoon sirve también para reivindicar las oportunidades de innovación que encierra el pasado.
Hace tiempo escuche esbozar al filósofo japonés Hiroshi Tasaka su “Ley del Proceso Espiral Ascendente”, en la que reivindicaba la dialéctica (es decir, la paradoja) con una frase muy pertinente para lo que estoy hablando aquí: “el futuro está en el pasado pero revivido con un nuevo valor”.
Ese niño ha sabido ver una oportunidad, algo bueno, en ese viejo artilugio. Lo alaba, no lo critica. Su paradigma sirvió de disparadero y no de coartada para el reproche. ¡¡Qué bien nos iría si conversáramos más entre generaciones!!
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