Inteligencia colectiva para innovar

Antonio Matarranz: “Elogio (pre)fúnebre del Design Thinking” (1 y 2). Blog Marketing & Innovación.

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A pesar de las críticas que está recibiendo el Design Thinking, el autor prefiere rescatar sus aportaciones a la gestión y el pensamiento estratégico, y cómo puede ayudar a resolver problemas en innovación y otros campos.

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Como dice el autor, varias de las técnicas y herramientas del Design Thinking ya se aplicaban antes de que naciera el término y forman parte del bagaje de la creatividad. Además de esa constatación, hay muchos expertos que en los últimos tiempos se cuestionan la capacidad de esa metodología o filosofía para impulsar la innovación en las organizaciones, una postura que en algunos casos a mí me parece tan falsa y oportunista como la de los primeros que exageraron su impacto para venderla mejor. Ya sabemos que esto va por ciclos, y para poder facturar ideas nuevas hay que matar las viejas, una práctica bastante común en ese parque de atracciones que llamamos Management.

Matarranz se hace eco de algunas de esas críticas (Don Norman, Roberto Verganti y esa especie de provocador profesional llamado Bruce Nussbaum), pero él prefiere “ver el vaso medio lleno y pensar en cómo el design thinking (¿con minúsculas?) aporta un nuevo estilo a la gestión y al pensamiento estratégico y puede ayudar a resolver problemas en innovación y otros campos. Su análisis crítico está muy influido por los trabajos de Idris Mootee, CEO de Idea Couture, una de sus referencias para el estudio en esta área.

En los dos posts que divide su artículo, el autor examina varios puntos, por ejemplo:

1.  El design thinking se centra en las personas y sigue un proceso profundamente humano

2.  El design thinking cultiva una obsesión por “lo deseable”

3.  El design thinking está orientado a la acción. Plantea un enfoque multidisciplinar para la toma de decisiones y la resolución de problemas basado en “aprender mientras se hace”.

4.  El design thinking crea nuevos significados y construye vínculos emocionales.

5.  El design thinking asume conscientemente los riesgos y los mitiga sistemáticamente.

Este último punto es especialmente interesante en el artículo de Matarranz cuando dice que la frase “falla pronto y falla a menudo” no debería ser parte de los valores esenciales del design thinking. Según él, aprender de los pequeños fallos tiene muchas ventajas, pero lo esencial es gestionar los riesgos, y el design thinking combina de manera única una asunción consciente de riesgos con una mitigación estructurada de dichos riesgos a través de técnicas como la empatía y el prototipado.

Para leer el artículo completo, aquí tienes los enlaces: “Elogio (pre)fúnebre del Design Thinking 1ra parte” y 2da parte.

Este documento está en la microsite de “Design Thinking”, donde puedes consultar más contenidos sobre el tema.

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