Inteligencia colectiva para innovar

David Sánchez Bote: "Empresa del Procomún, empresa de innovación".

procomun ninos jugando

Empresa del Procomún es un término cada vez más presente en la literatura empresarial. No obstante, aún resulta difícil comprender exactamente cuál es su significado real. Por ello, el objetivo de este artículo es explicar en qué consiste este concepto y en exponer que su puesta en práctica es una vía para fortalecer la capacidad innovadora de las organizaciones de nuestro entorno.

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En los últimos tiempos estamos asistiendo a un renovado interés por el tema del procomún (“commons” en inglés). Sin duda, el premio Nobel de Economía en 2009 a Elianor Ostrom por sus estudios sobre el uso de los recursos procomunales fue decisivo para afianzar intereses ya explicitados en este terreno de investigadores como David Bollier y Michael Bauwens. En un nivel más local el Laboratorio del Procomún en Madrid, la investigación sobre empresa del procomún desarrollada por Jaron Rowan y Rubén Martínez o el blog de Joaquín Rodríguez han animado la conversación sobre la aplicabilidad del concepto al mundo del management.

Pero, vayamos por partes; ¿Qué es el procomún? Bueno, quizás lo que habría que resaltar es que aún no disponemos de un consenso entre los investigadores sobre su definición. No obstante, la propuesta que hace el estudio “The Commons, prosperity by sharing” nos parece acertada y clarificadora. Según éste, un commons o procomún está compuesto por tres elementos: recurso, comunidad y normas.

                            

                                           Imagen Los componentes del procomún. Fuente: “The Commons, prosperity by sharing”

Los recursos del procomún están bajo un régimen de coposesión por parte de todos los miembros de la comunidad. Esto quiere decir que todos pueden crear (cuando es posible), usar y explotar el recurso (agua, un conocimiento, un programa de software, etc.) al mismo tiempo que todos son responsables de su conservación. De esta forma el procomún evita el modelo basado en la compra-venta y la propiedad privada o pública que son los paradigmas económicos actuales, apostando en su lugar por la colaboración y por poner en común recursos como una forma más eficaz de entender la actividad en ciertos sectores. La capacidad de establecer las normas de uso, de creación, de explotación y de cuidado del recurso está en manos de la comunidad. Al establecer el libre acceso a los recursos, el riesgo del modelo está en la aparición de los “free-riders”. Se considera como tales a aquellas personas u organizaciones que sin respetar las normas intentan maximizar los beneficios que le pudiera aportar el recurso compartido sin importarles la sostenibilidad de todo el sistema.

Resuelta la primera de la cuestiones abordemos una segunda; ¿Qué es la empresa del Procomún (EdP en adelante)? Digamos para comenzar que la misión de la EdP sería la de aportar valor al commons, sin intentar encerrarlo y apropiárselo para posteriormente explotarlo de forma exclusiva en su único beneficio. No obstante, en esa actividad de revalorización del commons se invierten esfuerzos personales y recursos materiales lo que hace deseable la obtención de una serie de rentas de la interacción con el procomún en el mercado que aseguren la sostenibilidad del proyecto o al menos la captación de financiación que generé el contexto adecuado para iniciar el recorrido de la actividad. En este sentido, muchas empresas del procomún están encontrando esa vía de ingresos a través de iniciativas de crowdfunding como por ejemplo Goteo. Es decir, aunque el lucro económico no es lo que anima principalmente a los promotores de este tipo de empresa, la citada sostenibilidad, evitar la precariedad y la independencia económica hacen deseable encontrar fórmulas de auto-financiación.

En este sentido existe un movimiento interesante por el que a partir de comunidades preexistentes están surgiendo empresas cuyo fin es la búsqueda de financiación a partir de la propia actividad de la comunidad para consolidar y expandir el objeto último de dicha comunidad. El caso de Couchsurfing es un ejemplo bastante claro de este fenómeno.

La EdP puede aportar valor al procomún aportando a alguno, o más de uno al mismo tiempo, de sus tres pilares. Utilizaremos el ejemplo de Mozilla (la organización detrás del navegador Firefox) para hacer más compresible este argumento. Firefox, es un navegador web de código abierto. Esto quiere decir que este recurso está accesible para todas aquellas personas que quieran usarlo, cambiarlo, personalizarlo, etc. Mozilla aporta un importante valor al recurso ya que, aproximadamente el 60% del código es producido por empleados de esta organización. Alrededor de Firefox existe una vibrante comunidad que crea, enriquece y conserva este recurso de forma constante. Mozilla también aporta valor a este pilar, no en vano, ha sido capaz de conectar a una cantidad ingente de personas en la labor del desarrollo del navegador. Al mismo tiempo, se encarga también de dinamizar y motivar constantemente la participación de toda la comunidad en la conservación del navegador. Por último, Mozilla ha dotado de un sistema de gobernanza al desarrollo del navegador. De esta forma, existe un amplio conjunto de normas, tácitas y/o explícitas que garantizan el buen funcionamiento y la sostenibilidad del commons, Normas, por otra parte, que tienen muy en consideración el peso de la comunidad a la hora de tomar todo tipo de decisiones, resultando coherente así con el principio de coposesión y no apropiación del recurso propio de los commons.

En resumen, y sobre la base del caso Mozilla, algunas de las formas en las que la EdP pueden aportar valor al commons son: producción y conservación del recurso, conexión, dinamización y motivación de la comunidad y organización de las normas del procomún. Obviamente existen muchas formas de aportar valor, en este caso y en otros, al procomún desde una empresa, esto es solo una muestra.

Y, ¿qué hay de los ingresos? Mozilla acude a diversos modos de financiarse, no obstante, su vía principal a día de hoy es un acuerdo con google por el que sitúa al buscador de esta empresa como la opción por defecto en Firefox. . Así, google obtiene un buen número de visitas a su servicio a través del navegador, resultado por el que retribuye a Mozilla. Una vez más, destacamos que el modelo de ingresos no limita la libertad de acceso al recurso. Muchos más ejemplos podemos encontrar en el mundo de las empresas del software libre, donde a pesar del libre acceso al software se han desarrollado vías alternativas de ingresos orientadas a la provisión de servicios y la personalización.

Existen, en mi opinión, dos elementos que favorecen la fórmula de empresa aquí presentada. Por un lado, el hecho de que el recurso competitivo clave hoy sea el conocimiento, es decir un intangible. Esto quiere decir que su producción y distribución no se ve constreñida por la escasez (ya que se puede reproducir e intercambiar a coste cero prácticamente) lo que significa que puedo compartir tanto como quiera el recurso y seguir usándolo y explotándolo. Por otro lado, la aparición del espacio digital hace más sencillo la interconexión, la cooperación, la dinamización y la gobernanza de multitud de personas condición indispensable para la revalorización constante del recurso.

Pero más que en estos aspectos favorables quisiera avanzar ya hacia el final del artículo resaltando la pertinencia de la EdP cuando hablamos de innovación. Creo que estaremos todos de acuerdo al decir que la producción de conocimiento es más eficiente cuantas más personas participan libremente, con sus talentos y capacidades en su desarrollo. El conocimiento, antaño en manos de un pocos expertos, se ha universalizado estando ahora más distribuido que nunca en manos de una multitud de personas diversas pero, actualmente, potencialmente conectadas. Hoy el conocimiento es un producto de la cooperación social, la autonomía individual y la organización en red. En este contexto encerrar el conocimiento bajo siete llaves lleva a su estancamiento o, al menos, a una pérdida de velocidad en su desarrollo. Simplemente, no es inteligente aislar este recurso de la multitud de personas que bien podrían enriquecerlo de forma constante y diversa. El conocimiento cerrado genera vacio y quienes no lo compartan se encontrarán cada vez más aislados y superados por las comunidades que comparten y actualizan para generar valor (y sino que le pregunten a la Enciclopedia Británica que ha tenido que reinventarse totalmente ante el empuje colectivo de la Wikipedia). Tomemos ahora como ejemplo Local-Motors una nueva compañía norteamericana en el sector automovilístico (para que dejemos de pensar que estos fenómenos solo son propios del mundo del software) que en 18 meses ha conseguido poner en producción un automóvil. Para ello ha contado con la ayuda de la comunidad que ha generado a su alrededor y que consta de miles de personas de todo el mundo. El logro no es menor ya que, para hacernos una idea, una empresa tradicional de este sector tarda unos cinco años en recorrer el mismo proceso. Es destacable también el hecho de que entre todos los miembros de la comunidad los que más protagonismo, participación y liderazgo han tenido sean residente en Rumania y Corea del Sur. Algo parecido podríamos relatar de Open Source Ecology, una iniciativa donde se está diseñando y prototipando hasta 50 máquinas de construcción y agrícolas a través de una colectivo de ingenieros, diseñadores y granjeros con notables resultados en cuanto a la eficacia y eficiencia en costes y tiempo.

No obstante, si asumimos esa naturaleza social y personal del conocimiento estamos obligados a considerar cualquier intento de apropiación privada y exclusiva como un acto poco ético y además poco sostenible. Sin embargo, eso no quiere decir que no lo podamos usar para obtener rentas de él, pero sí debemos respetar el derecho de cualquier otra(s) persona(s) de la comunidad a poder hacerlo bajo las mismas circunstancias. Y digo poco sostenible porque las personas, de forma creciente, son conscientes del carácter común de lo creado en comunidad y difícilmente van a mantener un sistema de producción que centralice los posibles beneficios en unas pocas manos con capacidad de apropiarse del trabajo colectivo. Es por eso que, siguiendo con los casos antes mencionados, tanto Local Motors como Open Source Ecology pongan todo el conocimiento explicitado por la comunidad, y necesario para el desarrollo de sus productos, de forma sencilla y rápida de obtener.

En definitiva, las nociones de colaboración, antes de competición, y de la apertura y libertad de uso de los recursos productivos están en la base de la EdP y de la economía del conocimiento en la actualidad.

Aún hoy la imagen del genio creador y original que “inventa” algo en un garaje para protegerlo y explotarlo hasta hacerse millonario es omnipresente en muchos discursos. No resulta difícil sin embargo demostrar que la mayor parte de las veces estamos ante la expropiación de ideas, conocimientos, etc. que de alguna manera ya se encontraban en la arena pública. Tampoco nos costará mucho demostrar que la inteligencia colectiva (convenientemente usada) supera el poder creador de cualquier “llanero solitario”. Por ello, me gustaría pensar que se abre un nuevo tiempo donde la colaboración potencia de manera continua espacios innovadores donde sus integrantes puedan desarrollar sus capacidades creativas aportando a la construcción de recursos comunes que nos ayuden a superar más rápidamente los retos que tenemos como sociedad. Todo ello al mismo tiempo que esos espacios se convierten en oportunidades de emprendizaje abiertas y no excluyentes. Es aquí, en la construcción de este escenario, donde la EdP tiene un lugar reservado.

Sobre el autor:

David Sánchez Bote (@dsanchezbote) es Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Mondragon y Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Deusto. En la actualidad forma parte del proyecto Consultoría Artesana en Red, aunque sige colaborando en el ámbito de la investigación con la Universidad de Mondragon.

Su blog: BSIDE
 

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